jueves, 5 de septiembre de 2013

LA COMPETENCIA ACTUAL EN EL FITNESS

En el mundo empresarial, la competencia ha sido siempre un factor determinante en la evolución y desarrollo de las empresas con aspiraciones a consolidarse en el mercado. También un motivo de preocupación constante, ya que ignorar el funcionamiento de la competencia, comporta el riesgo de ser expulsado del aludido mercado en el que se necesita una continua y definida presencia. El aspecto más positivo de la competencia, a menudo voraz, es el alto nivel de exigencia al que somete a toda empresa competitiva.


En nuestro ya maduro sector del fitness, la competencia tiene sus peculiaridades, como sin duda sucederá en otros sectores. El fitness ha ido evolucionando a lo largo de aproximadamente cuatro décadas, con un ritmo de crecimiento muy rápido, debido a la irrupción de una gran demanda súbita aparecida a principios de los ochenta del reciente pasado siglo, circunstancia en la que muchos emprendedores percibieron una buena oportunidad de negocio. No se equivocaron. En un principio, casi la totalidad de las iniciativas saboreaban el éxito, los gimnasios mantenían un flujo permanente de nuevos afiliados, algunos llegaban a verse desbordados por un número tan elevado de altas que minimizaba la repercusión de las bajas por muy numerosas que fueran. Posteriormente, ya en la última década del pasado siglo, fueron surgiendo cambios que siguieron impulsando el desarrollo del fitness: extensión y diversificación de las actividades colectivas, ampliación de servicios e importantes mejoras en la calidad de las instalaciones. En su comienzo, fueron los pequeños gimnasios los que crecieron de manera exponencial, inmediatamente comenzaron a llegar las grandes cadenas ofreciendo instalaciones de gran tamaño con propuestas atractivas y variadas. En este punto irrumpieron las instalaciones públicas, tratando de emular a sus predecesores, a la vista de su éxito manifiesto.
El resultado de este conglomerado de iniciativas, devino en profusión de centros deportivos de características similares; los pequeños gimnasios dejaron de crecer en número para hacerlo en tamaño, y las grandes instalaciones públicas y privadas se hicieron aún más grandes. La competencia entre los centros deportivos empezaba a notarse, si bien transcurría atenuada por una demanda que seguía creciendo, eran tiempos de auge económico, mejora del estado de bienestar e importante aumento del poder adquisitivo, la clase media mostraba síntomas de estabilidad y se preocupaba de aspectos de su vida que iban más allá de cubrir sus necesidades.


Aquellos buenos tiempos acabaron, y la situación actual es muy distinta, ahora la competencia nos exige poseer la capacidad de combatirla. Tengamos en cuenta que, ya antes de que la vigente crisis económica se manifestara, nuestro sector empezaba a estar saturado debido a un vertiginoso crecimiento de la oferta, animada por un fundamentado optimismo. Ahora tenemos una situación muy diferente, y el optimismo ha dado paso a una cautela igualmente fundamentada. Es cierto que nuestro sector no es el peor parado y muestra signos de vitalidad, sin embargo, sabemos que no todos sobrevivirán, por no hablar de los que ya se han retirado.
La competencia actual requiere de la ágil habilidad de adaptarse al brusco cambio social recientemente acontecido. Así vemos como surgen propuestas tentadoras a bajo precio, conviviendo con otras opciones bien asentadas años atrás que se ven obligadas a dar respuesta a una competencia difícil y agresiva. Para ser concreto explicaré un caso específico, exclusivamente basado en mi observación que, aunque intenta imponer la más rigurosa objetividad, puede en parte obedecer a meras conjeturas e interpretaciones.
Ubicados en un núcleo urbano de gran población, conviven dentro de un radio relativamente corto, varios centros de fitness de distintas características: un centro low cost, una gran instalación perteneciente a una conocida cadena, una instalación pública y un gimnasio, ya longevo, que ha sobrevivido sagazmente a los embates de una competencia teóricamente superior.
Basándome en la atenta observación, compruebo que desde la aparición del centro low cost, ofreciendo precios que ya hubieran sido llamativamente baratos veinticinco años atrás, el centro de la gran cadena, responde con insistentes ofertas atractivas en las que incluyen una apreciable reducción de precios, claro signo de que la barata competencia hace mella en sus resultados, ya mermados obviamente por la prolongada situación de crisis. En estas circunstancias, los centros low cost y las instalaciones públicas, gozan de mejores condiciones para obtener estimables resultados. Pero qué sucede con el veterano gimnasio, enfrentado a esta fuerte competencia de tres grandes instalaciones en su misma área urbana. En teoría debería haber desaparecido, pero no, no lo ha hecho, todo lo contrario, se ha fortalecido notablemente, y ha hecho justo lo opuesto a su competencia. Ha reducido el número de actividades y ha apostado por la especialización. En vez de reducir precios, se ha dedicado a vender y garantizar resultados a sus clientes, se ha deshecho de la necesidad de masificar sus instalaciones, ofreciendo comodidad y disponibilidad a los usuarios; y sí, ha reducido el número de clientes, pero mejorando la satisfacción de los que tiene. El entrenamiento personal es su servicio más destacado, para el que ofrece fórmulas de pago muy adaptables a distintas posibilidades económicas (esto no implica bajar precios), y lo mas destacable es que, en los dos últimos años, ha obtenido los mejores resultados económicos de toda su larga historia, y en plena crisis.
AUTOR: ANTONIO MANZANO.

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